LA MATE PORQUE ERA MIA

LA MATE PORQUE ERA MIA

Juan Sánchez Lebrero. Psicólogo en San Fernando.

“La maté porque la amaba, la maté porque era mía…” cantaban Platero y tú, antiguo grupo de rock donde se iniciaba Fito Cabrales. Grito de guerra de más de un asesino receloso sin duda. Y es que últimamente el psicólogo viene notando el aumento de un problema concreto en consulta: los celos. Y estos celos o esquemas de posesión cuando llegan a su máximo exponente, demasiadas veces se traducen en muerte. No hay más que poner las noticias para ver día sí día también como algún energúmeno abanderado de las malas intenciones ha destrozado a una familia para siempre. Pero como generalizar no es bueno, y suponer que todo celoso llegará algún día a cometer una locura está muy lejos de la verdad, vamos a profundizar un poco más.

¿Guardan algo bueno los celos?

Como todas las emociones, los celos tienen una función adaptativa que ha servido biológicamente para la supervivencia de la especie, salvaguardar la estabilidad familiar y ser previsor de amenazas potenciales. Forma parte del repertorio animal que todos conservamos en algún lugar de nuestra personalidad, la territorialidad, aunque por otro lado es un remoto sentimiento infantil de reaseguramiento, que sirvió para mantener la identidad en los primeros años de vida. O sea, es una sensación lógica en todas las personas que se da en mayor o en menor medida dependiendo de cada uno. El problema llega cuando ese celo es exagerado y condiciona la vida de algún miembro de la pareja convirtiéndose en un problema.

¿Cómo identificamos esos celos patológicos?

El celoso patológico desea cambiar o controlar la conducta de otras personas para garantizar la absoluta fidelidad. Sus celos son injustificados, surgen de la nada, y todo ello dentro de un sentimiento emocional intenso  (puede estar enfadado, triste o agresivo por ejemplo). Puede sentir celos no sólo de su pareja sino también de amigos, familia o incluso del perro si se pone demasiado contento cuando hay visita. Son características las conductas sistemáticas de control y comprobación (por ejemplo preguntar dónde se ha estado o mirar el móvil compulsivamente) y el protagonizar escenas públicas si así le parece, como ponerse agresivo con alguien simplemente por mirar a su pareja por la calle.

¿Pero por qué actúa así el celoso?

Seguro que alguna vez hemos escuchado eso de: “si es celoso es porque te quiere”. Error. Los celos no son un rasgo inequívoco de alguien que siente amor, sino más bien un claro signo de inseguridad propia. El celoso necesita poseer totalmente a la otra persona, no porque la ame sino porque así controla la gran ansiedad que siente, que se debe entre otras cosas a no sentirse lo suficientemente valioso, atractivo, querido o deseable. Esa inseguridad probablemente esté relacionada con una exagerada autocrítica, baja autoestima o en los casos excesivamente tormentosos o patológicos, a delirios de naturaleza paranoica. Así, la celotipia extrema es parte de una entidad psicológica y como tal, puede dar lugar a actos violentos incluidos el asesinato o el suicidio, relacionándose directamente con la violencia machista, de la que las estadísticas recogen que en España 1 de cada 10 mujeres es maltratada, y los casos de muerte entre mujeres, niñas y niños son superiores a los de la banda terrorista ETA.

¿Tiene solución?

Respecto a la persona celosa la pregunta no es si tiene solución, sino si se quiere solucionar, ya que el celoso debe querer cambiar sus esquemas cognitivos de manera real, de no ser así poco se conseguirá. Una terapia adecuada llevada por un psicólogo trabajando pensamientos y emociones con la colaboración activa del paciente son indispensables para obtener resultados eficientes y duraderos.

Respecto a la víctima de los celos, hay que remarcar que nadie es posesión de nadie. No hay que dejar que decidan por nosotros, que nos digan cómo vestir o con quién hablar. Todos somos únicos y deben querernos tal y como somos. Si quieres ayudar a tu pareja celosa, marca la línea que no debe traspasar e intenta hacerle ver lo equivocado que está. Pero nunca aguantes lo inaguantable, porque el siguiente paso puede ser la letra de otra canción sin sentido.

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