Lo primero que me gustaría dejar claro es que maltrato se da tanto en hombre hacia mujer, como de mujer hacia hombre. Y puede parecer una obviedad, pero por desgracia hay personas que parece que aún no entienden esto. Y es que en consulta como psicólogo en San Fernando veo muchos casos de pacientes de ambos géneros sufriendo esta lacra. Es cierto también que el maltrato psicológico es un tipo de violencia que suele ser mas difícil de detectar que el maltrato físico, pero como digo es una evidencia empírica que existe bidireccionalmente.
Si pasamos a considerar porqué es tan difícil de detectar este tipo de violencia, lo primero que hay que decir es que en muchas ocasiones es considerado un comportamiento normalizado en nuestra sociedad. Aunque suene chocante, así es en ocasiones. También es más difícil de probar el daño que causa debido a que no deja signos observables. Y además se trata de una violencia mucho mas sutil, que afecta a todos los niveles: pensamientos, emociones, sentimientos y comportamientos. Suele ser intermitente al principio, pero suele acabar dándose prácticamente a diario, y da lugar a una gran dependencia emocional hacia el maltratador. Este maltrato continuo y lento va mermando cada vez mas la autoestima de la víctima que lo sufre, hasta llegar a ser anulada cuestionándose su propio valor como persona.
Pero, ¿cómo puedo saber si sufro este tipo de maltrato? Vamos a ver algunos tips que nos pueden ayudar a detectarlo. Entre otras, ten mucho cuidado si tu pareja:

– Te dice directamente cómo tienes que vestirte, o lo hace indirectamente enfadándose si te pones ciertas prendas.

– Te dice directamente cómo tienes que vestirte, o lo hace indirectamente enfadándose si te pones ciertas prendas.

– Controla lo que hablas en redes sociales, por whassap o en persona con las personas de tu entorno.

– Es posesiv@, tiene celos de todo el mundo y te hace dudar sobre si es responsabilidad tuya.

– Se enfada si pasas tiempo mas tiempo del que cree que deberías con familiares o amig@s.

– Se hace la víctima cuando te defiendes y te culpabiliza de todo lo que ocurre.

– Te ridiculiza y/o desprecia en público. – Quiere tener sexo y lo tienes por miedo a que se enfade.

– Te ha amenazado con hacerte daño de alguna manera.

– Menosprecia tus logros y maximiza tus errores.

Y todo esto cuando sucede, tiene una multitud de consecuencias que varían según la persona y la intensidad del maltrato. El continuo estado de ansiedad al que están sometidas estas personas debilita el sistema inmunitario, lo que propicia una cantidad de síntomas tanto físicos como psicológicos que agravan aún más el problema haciendo que aparezca un círculo vicioso que hace más difícil tener fuerzas para salir del abismo. Entre estos síntomas podemos encontrar baja autoestima, indefensión aprendida, depresión, sentimiento de inferioridad e inseguridad, ansiedad, falta de toma de decisiones, aislamiento y un largo etcétera que tienen siempre en común el sometimiento que padecen las víctimas de maltrato. Muchas veces éstas terminan creyéndose la realidad distorsionada que le pintan, y son capaces de defender a la persona que ejerce el maltrato, pensando incluso que se merecen lo que sufren.

¡¡Qué debo de hacer si me está pasando ésto!!
Lo primero es identificar que lo estamos sufriendo. Con este artículo pretendo ayudar a ello por pequeñita que pueda ser la ayuda.
El siguiente paso es aceptar que esto no es justificable en ningún caso y bajo ningún concepto.
El tercero es pedir ayuda para salir de ese contexto. Porque por desgracia se puede salir de esto sol@, pero es difícil. A un familiar, a un amig@, o directamente al teléfono 016 gratuito y sin rastro en el registro de llamadas.

Por último, suele ser necesario solicitar ayuda a un profesional de la psicología para resetear nuestra mente de ese calvario y adoptar actitudes dispuestas al cambio.
Me gustaría terminar escribiendo una realidad que a veces tampoco está bien vista en esta sociedad: que el amor no puede con todo, y que es necesario pero no suficiente para ser felices. Querámonos y no permitamos que nos quieran mal.

 

Juan Sánchez Lebrero – Psicólogo General Sanitario

 

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