Interesante y muy relevante cuestión, que tiene mucho que ver con la vorágine de sociedad en la que vivimos. Y es que en la consulta de psicología me preguntan a menudo sobre si las enfermedades o dolores físicos que tenemos están relacionados con nuestras emociones y sentimientos. Y la respuesta es clara: sí.

De hecho la explicación del origen psicológico de ciertos síntomas físicos de dolor puede ser más de una, ya que por ejemplo, la intensidad de un dolor físico fluctúa dependiendo de la percepción que tengamos del mismo y de la tolerancia al dolor adquirida genéticamente. Y eso ocurre también con el dolor psicológico.
Por otro lado también lo explica el saber que existen enfermedades de las que aunque se conoce parte de la base biológica, esta no termina de explicar el origen del dolor físico. Por tanto probablemente el origen sea psicológico, donde hay que tener en cuenta un amplio rango de factores sociales, cognitivos, fisiológicos y conductuales.

Estudios científicos demuestran y publican que las emociones pueden afectar a distintas afecciones físicas. Un estado de ánimo negativo, o una situación de mucho estrés preceden a una reducción del sistema inmune. Un ejemplo claro es comprobar como síntomas depresivos pueden ejercer una mala cicatrización o una excesiva duración infecciosa. Y es que un estado de ánimo positivo hace que se segregue inmunoglobulina, un tipo de anticuerpo, aumentando la respuesta inmune del organismo.

Además, las emociones condicionan los pensamientos que tenemos. Es decir, un estado de ánimo negativo facilitaría tener pensamientos más negativos, reconociendo e interpretando los síntomas físicos como un posible problema de salud. Esto sucede porque las personas con un afecto más negativo suelen estar más alerta a sus sensaciones corporales y cualquier sensación la interpretarán como algo malo. Y es como una pescadilla que se muerde la cola. Mal estado de ánimo, pensamientos negativos, sistema inmune mas bajo, afecciones físicas que dan lugar a estado de ánimo mas bajo aún, y así sucesivamente. Además, otro estudio demuestra que las personas que se encuentran peor anímicamente se consideran menos capaces de llevar a cabo conductas de cuidado de salud y acuden menos al médico. De hecho suelen achacar sus síntomas al estado anímico y retrasar la ayuda profesional. Sin embargo cuando una persona se encuentra mejor está más motivada para mantenerse saludable y cuidarse.

En síntesis comprobamos como el estado de ánimo es fundamental para muchas cuestiones, influyendo en todos los comportamientos que ponemos en marcha. Por ejemplo cuando estamos mal de ánimo tendemos a alimentarnos peor, consumir más alcohol, hacer menos deporte… De hecho, en el caso del consumo de tabaco, la mayoría de fumadores indican que consumen tabaco para regular o mejorar su estado de ánimo o para reducir estrés.

Si conseguimos fomentar por tanto las conductas saludables, la salud se verá afectada para mejor a corto y largo plazo. Pero sabiendo que es inevitable experimentar emociones negativas, es fundamental establecer hábitos saludables que compensarán parte de los posibles efectos nocivos, además de tener un repertorio importante de estrategias de afrontamiento ante estas situaciones. Por lo tanto es importante dormir bien, alimentarse correctamente en base a una dieta consolidada como la mediterránea, hacer algo de ejercicio diario y mantener unas rutinas sanas y controladas. Por otro lado la manera de pensar, la actitud y la resiliencia van a ser determinantes en nuestra salud mental, pero esto lo detallaremos en otro artículo.

Y tu, ¿qué hábitos de vida consideras que son fundamentales?

Juan Sánchez Lebrero – Psicólogo en San Fernando

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